Crean un dispositivo de vanguardia para aliviar las secuelas de un ACV

SGG 22 Ene, 2015 Generales

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El 40 por ciento de las personas que sufren un accidente cerebrovascular (ACV) queda con alguna discapacidad de jerarquía. Entre las limitaciones más frecuentes se encuentran la pérdida de coordinación de los movimientos y debilidad en los miembros, especialmente en los superiores. Ahora, una sofisticada tecnología permite mejorar las chances de algunos pacientes de recuperar cierta movilidad en los brazos. El novedoso dispositivo es el resultado de un trabajo conjunto entre profesionales de la Fundación Rosarina de Neuro-Rehabilitación y bioingenieros pertenecientes a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Entre Ríos, que crearon una interfaz cerebro-computadora capaz de estimular los movimientos de los brazos a través de un sofisticado mecanismo.

Este es el inicio de un proyecto más ambicioso que, según los investigadores, contribuirá a lograr una mayor autonomía en personas con afecciones neurológicas discapacitantes.

“Se trata de una tecnología de vanguardia en la rehabilitación de enfermos neurológicos basada en la interacción entre la computadora y el cerebro humano”, explicó a La Capital el neurólogo Carlos Ballario, director médico de la Fundación de Neuro-Rehabiltación.

¿Cómo funciona este dispositivo? “Entrenamos a la persona para que imagine que mueve ese brazo que ha quedado afectado, y si bien no logra movimiento con ese pensamiento sí conseguimos con esa imaginación una actividad eléctrica en el cerebro que captamos con un equipo de electroencefalografía digital. Luego, a ese patrón de actividad eléctrica lo transformamos en un comando por medio de un sistema de software que activa un electroestimulador funcional conectado a la computadora que permite activar esos músculos paralizados”.

Ballario se apura en aclarar que no se trata de una mecanismo de sustitución porque la persona no logrará de forma inmediata mover el brazo paralizado como si tuviera un brazo sano, pero “ese mecanismo genera un tipo de acción en el cerebro lesionado por el ACV que estimula áreas vecinas a la lesión que con el tiempo van mejorando las chances de rehabilitación del brazo inmóvil”.

“Cuando el paciente ve el brazo movilizándose se produce una información que viaja por la vía visual a zonas vecinas a la zona dañada del cerebro y esa información visual trabaja en dos vías: en el reaprendizaje del movimiento y en una remodelación de las redes neuronales”, detalló Ballario. La intención es que estas acciones sean “herramientas” de rehabilitación más efectivas que las conocidas hasta el momento.

El dispositivo ha sido probado con un paciente de 76 años que ya llevaba un año de kinesioterapia y otras técnicas de recuperación para lograr la movilidad de sus miembros superiores, pero no tenía avances significativos. “A partir del uso continuo de este dispositivo, en 14 sesiones, este hombre que no podía agarrar una birome logró escribir su nombre”, comentó el médico con entusiasmo.

El objetivo ahora es probarlo con 14 pacientes para iniciar una investigación más amplia y detallada y así poder evaluar resultados.

Experiencias

Ballario mencionó que hay muy pocos trabajos en el mundo en relación a dispositivos de estas características “que concluyen que con estas estrategias las personas mejoran claramente ciertas funciones”, pero ninguno se basa en una tecnología idéntica a la que crearon los profesionales rosarinos y los bioingenieros entrerrianos, por lo que serán claves los resultados del estudio que está por comenzar.

La interfaz cerebro-computadora estará a disposición, por ahora, de un grupo de pacientes especialmente seleccionados por los profesionales de la Fundación Rosarina de Neuro-Rehabilitación. Esto significa que por el momento no todas las personas que hayan tenido un accidente cerebro vascular podrán recibir el tratamiento, ya que para eso deberán cumplir con una serie de requisitos.

“Esta sofisticada tecnología permite una estrecha interacción entre la computadora y el cerebro humano, y a partir del conocimiento de los fenómenos electrofisiológicos cerebrales, de aprendizaje y de permanente readaptación del sistema nervioso, los bioingenieros lograron una neuroprótesis comandada mediante cierta actividad eléctrica cerebral capaz de contraer en forma voluntaria músculos cuya movilidad se encuentra reducida o paralizada como consecuencia del daño neurológico”, resumió Ballario. El profesional reconoció que “es un enorme desafío para nosotros como equipo ya que al tratar a tantos pacientes con secuelas de ACV durante tantos años entendemos lo importante de lograr la mayor recuperación posible y cierta autonomía, ya que la vida de quien sufre un infarto cerebral cambia en forma radical, no sólo para el paciente sino para todo el grupo familiar”.

Fuente: La Capital

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