La dramática historia del hombre que le disparó a su hijo adicto

SGG 22 May, 2017 Destacadas, Generales, Nacionales

La semana pasada, un vecino de barrio Belgrano tomó la vieja escopeta de su papá para asustar a su hijo, baleó al piso y lo lastimó en los pies. Hace unos dos años que el muchacho consume cocaína. Ahora el hombre enfrenta una causa en la Justicia. Por Radio 2 hizo un llamado de atención al Estado.

“No reconoce ni padre ni madre cuando quiere consumir", dijo Pablo sobre su hijo. (cuidateplus.com)

“No reconoce ni padre ni madre cuando quiere consumir”, dijo Pablo sobre su hijo. (cuidateplus.com)

 

La semana pasada, un vecino de barrio Belgrano le disparó a su hijo para “calmarlo”. Así se lo explicó a la policía cuando acudió al llamado del 911. Él mismo había llamado y no era la primera vez que lo hacía. Hace unos dos años que su hijo tiene problemas de adicción y cuando quiere consumir, explicó, se pone violento. Ese día estaba por romper la puerta de su casa a patadas y su mamá estaba adentro. En contacto con Radiópolis, el programa que conduce Roberto Caferra por Radio 2, Pablo contó su historia.

El más chico de tres hermanos, Jeremías comenzó su adicción a la cocaína –comenzó Pablo– hace unos años. En ese tiempo lo internaron cinco veces pero en ningún caso logró mantenerse sobrio demasiado tiempo. Para Pablo a esas instituciones “solo les interesa cobrar” y simplemente someten al adicto a otra droga.

Sobre lo ocurrido el jueves pasado, Pablo contó que Jeremías había llegado alterado a su casa, buscaba dinero para intercambiar por estupefacientes. Ese día Pablo se había ido a trabajar –durante este tiempo había tratado lo más posible de quedarse en casa, pero los números ya no daban– y en el domicilio había quedado su esposa sola. “Creía que lo iba a poder controlar”, recordó.

Como trabajaba en un taller cercano vio en el estado en el que llegó su hijo y llamó al 911; no era la primera vez que alertaba a la policía sobre su hijo. Luego, enfrentó a Jeremías e intentó apaciguarlo. Fue imposible. “Cuando está en ese estado es irreconocible”, lamentó y destacó que sobrio, su hijo es un chico muy solidario y habilidoso.

“Le pegué, llamé de nuevo a la policía”, continuó Pablo. Entonces tomó la vieja escopeta de su padre y le apuntó para asustarlo. Disparó al piso y una de las perdigonadas lo lastimaron en el pie. Llamó otra vez a la policía y esta vez pidió por una ambulancia.

Pablo fue arrestado y conducido a una celda con otros chicos en los que reconoció la misma adicción que en la de su hijo. Fue entonces que se preguntó qué es más importante para el Estado: ¿su escopeta sin papeles de 70 años o que Jeremías y tantos otros como él caigan en la calle de nuevo?

“El chico no reconoce ni padre ni madre. Cuando quiere consumir, quiere consumir no importa de qué manera sea y el Estado eso lo sabe, pero no están capacitados para contenerlos”, lamentó. “Todavía no es tarde para que ayuden”, llamó la atención.

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