La historia del santafesino que espera a la primera familia de refugiados sirios

SGG 26 Abr, 2017 Destacadas, Generales, Regionales

En pocos días llegará un matrimonio de 30 años, que tiene mellizas de 8 años y una beba de seis meses, provenientes de Alepo.

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Jurisdiccionar la miseria es del siglo pasado”. La frase pertenece al santafesino Germán Bolatti, quien aguarda junto a su esposa e hijo, la llegada de una familia de refugiados sirios, provenientes de Alepo. Es en el marco de un programa de refugio humanitario.
Bolatti recibirá a una pareja y a sus tres hijos en la localidad de Presidencia Roque Sáenz Peña, en Chaco, donde reside en la actualidad. Germán nació en San Genaro, departamento San Jerónimo, donde vivió la mayor parte de su infancia. Luego continuó sus estudios secundarios en la ciudad de Santa Fe, en el Colegio El Portal. Hace más de 10 años se trasladó a Chaco.
Las expectativas atravesaron las paredes de la casa de los Bolatti y hoy son muchos los que esperan ansiosos el arribo de la familia siria.
“No sabemos aún cuándo llegan, estamos en un plazo indeterminado por razones de seguridad de Naciones Unidas; luego del atentado contra un ómnibus de evacuados civiles hace 10 días en Alepo. “, explicó el santafesino.
Y agregó:
“Eso frenó la salida hasta que Acnur (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) pueda asegurar la salida. Tenemos todo aprobado, sus visas y demás. Tenían que llegar la semana pasada. Van a emprender viaje cuando Naciones Unidas lo autorice”. Cabe recordar que ese ataque dejó 126 muertos; entre ellos, 68 menores.
—¿Cómo tomaron la decisión de presentarse en el programa?
—La decisión empieza el año pasado, al ver una foto que recorrió todo el mundo. Era la imagen de Omran, un nene ensagrentado en una ambulancia, tras ser herido en un bombardeo en Alepo. A nivel personal me sentí muy mal y empecé a buscar la manera de ayuda. Encontré Refugio Humanitario Argentino, una organización donde me demostraron que era totalmente factible traer a una familia completa. A partir de ahí empiezan dos procesos. Por un lado, el local, familiar y social, para recibirlos; por el otro, el legal, para establecer el contacto con las familias.
—¿Qué saben sobre la familia que llegará?
—Son cinco integrantes. Un matrimonio de 30 años, que tiene mellizas de 8 años y una beba de seis meses, quien estaba en la panza de la mamá cuando se inició el proceso. Eso demoró la situación, porque en realidad, cuando te convertís en llamante, la llegada demora entre tres y cuatro meses. En este caso, como la chica estaba embarazada, hubo que esperar, porque ninguna aerolínea la quería traer. Le enviamos dinero para pagar el parto y hubo que esperar. En enero tuvimos todas las visas humanitarias, menos la de la bebé; porque ellos viven en Alepo y estaban a fuego cruzado, así que no podían movilizarse con la beba. Hubo momentos terribles durante bombardeos, en los que mandaban pedidos de ayuda. Pasaban encerrados muchos días a oscuras y sin agua, comiendo arroz. Es tremenda la situación que atraviesan.
“Sabemos que se trata de buena gente, trabajadora. Cuando lleguen, se les dará DNI argentino, en carácter de refugiados, y pueden conseguir trabajo registrado, licencia de conducir y efectuar otros trámites. Hay que entender que ellos no ingresan como polizones, por eso demora el trámite. Ellos ingresan con visa humanitaria y cuando tocan suelo nuestro reciben DNI argentino”, enfatizó.
“Tenés que ver lo que son los pedidos de ayuda. Hay gente desesperada, con hijos chiquitos y sin laburo –relató Bolatti y continuó– El primer sobre que recibí, con los datos de la familia, siempre me lo imaginé como una botella lanzada al mar. Esa gente lo mandó a un país donde no sabían si alguien los iba a llamar. No sabían si iban a cajonear su pedido. Esa botella enviada al mar es bien gráfica de lo que significa la guerra y bien gráfico de lo que podemos hacer”.
Cuando lleguen
“Ellos van a vivir en una casa en Saenz Peña, Chaco, por un alquiler donado por una empresa durante unos meses”, contó Bolatti a UNO Santa Fe. “Como llamantes, somos gente común, yo soy productor agropecuario. Ahora somos padrinos de ellos, porque no conocen el idioma y necesitan mucha contención y gente que sea de su confianza”, explicó.
“Es una cultura distinta, por lo cual exige mucha comunicación. Por ejemplo, chicos y mujeres van a médicas mujeres, así que tendremos que conseguirles. Antes de la guerra, Siria tenía muchas universidades y estaba bastante europizada”, dijo.
Tras la decisión de recibirlos, la solidaridad fue contagiosa.
“Encontramos una casa a la vuelta de la nuestra y, a través de donaciones, en dos meses la equipamos. Y en cuanto al empleo, hay distintos trabajos que ellos pueden hacer; pero para este momento les conseguí con un amigo que tiene una fábrica de pastas. La tarea que deberá hacer el chico cuando llegue será manual, fácil de realizar y sin complicaciones con el idioma. Eso le servirá para estar más contenido y tener sus primeros ingresos”, detalló Bolatti.
También aclaró que todo el esfuerzo económico para traer a la familia de Siria es privado:
“dentro de un programa que comenzó con el gobierno nacional anterior que preveía la ayuda de familias sirias radicadas en la Argentina a sus familiares; luego se modificó para que las demás personas puedan ayudar”. “Hoy se amplió para que los gobiernos puedan llamar. Ahora San Luis les da trabajo, traductores y demás”, indicó.
Como información relevante, el productor agropecuario señaló: “La Agencia Federal de Inteligencia (AFI) nos investigó como llamantes y también Interpol hizo toda una investigación”.
Las críticas
Cuando se conoció la noticia de que la familia Bolatti brindaría ayuda a refugiados sirios, la mayoría de los lectores celebró la iniciativa. Sin embargo, hubo quienes marcaron que “hay muchos argentinos que necesitan ayuda”.
“La crítica por la crítica misma es una pérdida de tiempo y energía; que se podrían usar para ayudar. Hoy hace falta más gente que ayude, no importa dónde. De hecho, quienes critican no saben si yo ayudo a familias en Chaco. Somos un grupo de amigos que trabaja también en ese sentido. Hay que movilizar para que se ponga en acción la gente que no ayuda”, manifestó el santafesino.
“En un mundo globalizado, con las tecnologías que hay, es posible hacer un intercambio intercultural y religioso. Hoy no importa dónde ayudes, puede ser en Venezuela, Siria o Haití; lo importante es que la tecnología te lo permite. Lo que yo hice fue usando teléfono e internet, nada más. “Jurisdiccionar la miseria es del siglo pasado. Estamos hablando de una civilización global”, finalizó.
Uno Santa Fe

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